NOTHING GOLD CAN STAY

NOTHING GOLD CAN STAY

Nature’s first green is gold,

Her hardest hue to hold.

Her early leaf’s a flower;

But only so an hour.

Then leaf subsides to leaf,

So Eden sank to grief,

So dawn goes down to day

Nothing gold can stay.

Robert Frost

Quizá lo más importante de estas comprobaciones es su serenidad. Otros ponen el énfasis en los ramalazos de crueldad y de tiniebla que arrebatan vidas y tierras, otros aspiran a denunciar y a sobrecoger. Estos cuadros de Pedro Ruiz nos dicen que el esplendor va en fuga, que nosotros mismos vamos en fuga, que el tiempo es también un río y que sólo en el arte el río permanece. Cada quien puede contraer la pupila sobre estas ilusiones de color, y extraer sus propias conclusiones. El artista se permite soñar con libertad e incluso se atreve a hacerlo, contra las convenciones de la época, en un lenguaje reposado y clásico.

Yo he oído decir que el arte debe ser más desgarrado, más sangrante, más colérico, más vindicativo. Pero el arte, más que deberes, tiene posibilidades. Hay espacio en el mundo para los fusilamientos de Goya y para las torsiones agónicas de Guernica, para las crispaciones de Georg Grosz y para los otoños salpicados de Jackson Pollock, para los amasijos agónicos de Anselm Kiefer y para los trazos espasmódicos de Basquiat. Pero también para esta rebelión de la serenidad que no quiere dejarse tiranizar por la historia.

El río se va. Sobre su quieta superficie las canoas, árboles que han olvidado sus raíces, quieren irse igual. Y se van en ellos los remeros. Pero lo más inquietante es que los paisajes quieren irse también, hasta las montañas quisieran participar de esa fuga silenciosa, hasta los pájaros, hasta las obras de arte, hasta los versos, la realidad entera quiere irse bajo esa bruma de oro que lo envuelve todo y que de algún modo también lo abruma todo.

Este pensamiento que irrumpe, proponiéndonos un mundo quieto que huye, también sabe hacernos sentir el vértigo de nuestras jornadas. Responde a esa estética de finas percepciones y de lentas metamorfosis que describe el poema de Robert Frost, “Nada que sea dorado permanece”:

Todo verde, al nacer, siempre es dorado,

Arduo matiz que nunca ha perdurado.

Es una flor la hoja más reciente

Pero dura una hora, solamente.

Después la hoja se resigna en hoja,

Se hunde el paraíso en la congoja,

Huye el amanecer, el día crece,

Nada que sea dorado permanece.


William Ospina

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