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El 21 de noviembre se lanza el libro de arte de Seguros Bolívar, dedicado al artista bogotano

Una de las mejores descripciones del artista bogotano Pedro Ruiz, de 54 años, es del poeta William Ospina, su amigo de juventud: “Tiene esa manía picassiana de andar interviniendo todo lo que toca, las sillas, los trajes, los objetos, y supongo que tendrá que haber alguien impidiéndole transformar en obras de arte los refrigeradores y las puertas, las vajillas y los espejos”.

Así lo recuerda Ospina en la semblanza que escribió para el libro de gran formato de la tradicional colección de arte de Seguros Bolívar, que se publica a fin de año y que esta vez está dedicado a la obra de Ruiz. “Es un privilegio pertenecer a la colección”, anota, emocionado, el artista, que esta noche presidirá el lanzamiento del libro en el Museo del Chicó, en Bogotá.

La vocación creadora es algo que Ruiz tuvo claro desde que era niño. “Mi papá fue un hombre que se dedicó a la cultura. Por consiguiente, la casa siempre estaba llena de personajes y libros, y mis primeros pasos en el arte fueron a través de esos libros”, cuenta.

Luego de graduarse en el Liceo Francés y de un paso fugaz por el Conservatorio Nacional y por una facultad de Arquitectura, viajó a Francia para estudiar grabado en la escuela  Atelier 17, con la técnica del artista Stanley William Hayter, actividad que combinaba con sus clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París. A su regreso a Colombia, y mientras consolidaba su trabajo artístico, Ruiz -leal a su manera de ser, curiosa e inquieta- trabajó como creativo en el mundo de la publicidad y fue coautor de la agenda  El libro de los días , un clásico infantil, junto con su hermana Clarisa y la escritora Yolanda Reyes.

Luego vinieron etapas muy importantes de su trabajo, como Oro, Love Is In the Air, Nadieøpina, Biblioteca natural, Cuerpos pintados  y  Las alas de la memoria, que en últimas hacen parte de una sola reflexión sobre la inclusión y la igualdad, dos de sus preocupaciones principales.

“Mi temática -resume- es el arraigo del hombre por la tierra y una añoranza de volver a contarnos a través de la naturaleza”.

Ruiz “es jaguares y palmeras, canoas y capiteles corintios, bellas mujeres etéreas y muchachos que flotan a unos centímetros del suelo, papagayos y selvas, avionetas que dejan en el aire azul líneas de muerte, abigarrados campos de amapolas. La magia de un trazo de tinta que se desliza sobre el papel repitiendo las formas del mundo, de un pincel que transforma alegremente el lienzo en tierra de ilusión”, concluye Ospina.

Oro Espiritu y naturaleza de un territorio

NOTHING GOLD CAN STAY

Nature’s first green is gold,

Her hardest hue to hold.

Her early leaf’s a flower;

But only so an hour.

Then leaf subsides to leaf,

So Eden sank to grief,

So dawn goes down to day

Nothing gold can stay.

Robert Frost

Quizá lo más importante de estas comprobaciones es su serenidad. Otros ponen el énfasis en los ramalazos de crueldad y de tiniebla que arrebatan vidas y tierras, otros aspiran a denunciar y a sobrecoger. Estos cuadros de Pedro Ruiz nos dicen que el esplendor va en fuga, que nosotros mismos vamos en fuga, que el tiempo es también un río y que sólo en el arte el río permanece. Cada quien puede contraer la pupila sobre estas ilusiones de color, y extraer sus propias conclusiones. El artista se permite soñar con libertad e incluso se atreve a hacerlo, contra las convenciones de la época, en un lenguaje reposado y clásico.

Yo he oído decir que el arte debe ser más desgarrado, más sangrante, más colérico, más vindicativo. Pero el arte, más que deberes, tiene posibilidades. Hay espacio en el mundo para los fusilamientos de Goya y para las torsiones agónicas de Guernica, para las crispaciones de Georg Grosz y para los otoños salpicados de Jackson Pollock, para los amasijos agónicos de Anselm Kiefer y para los trazos espasmódicos de Basquiat. Pero también para esta rebelión de la serenidad que no quiere dejarse tiranizar por la historia.

El río se va. Sobre su quieta superficie las canoas, árboles que han olvidado sus raíces, quieren irse igual. Y se van en ellos los remeros. Pero lo más inquietante es que los paisajes quieren irse también, hasta las montañas quisieran participar de esa fuga silenciosa, hasta los pájaros, hasta las obras de arte, hasta los versos, la realidad entera quiere irse bajo esa bruma de oro que lo envuelve todo y que de algún modo también lo abruma todo.

Este pensamiento que irrumpe, proponiéndonos un mundo quieto que huye, también sabe hacernos sentir el vértigo de nuestras jornadas. Responde a esa estética de finas percepciones y de lentas metamorfosis que describe el poema de Robert Frost, “Nada que sea dorado permanece”:

Todo verde, al nacer, siempre es dorado,

Arduo matiz que nunca ha perdurado.

Es una flor la hoja más reciente

Pero dura una hora, solamente.

Después la hoja se resigna en hoja,

Se hunde el paraíso en la congoja,

Huye el amanecer, el día crece,

Nada que sea dorado permanece.


William Ospina

El proyecto ORO hace parte de la serie Desplazamientos, una propuesta que se plantea como testimonio del destierro forzoso que sufren millares de personas por causa de la violencia en el territorio colombiano. El trabajo adelantado hasta ahora muestra una infinidad de variaciones sobre un mismo tema, un personaje que  lleva en su barca el recuerdo del paisaje que le ha sido arrebatado.

En el año 2004 se realizó la primera exposición conformada por 25 obras de gran formato. Gran parte de las imágenes representaban canoas cargadas de matas de plátano de color rojo haciendo de esta manera alusión a la violencia. Uno de los visitantes de la exposición, un niño de 8 años, interpretó el rojo como una señal no de odio si no de alerta, Colombia es un país con mucho amor. Me refiero a esta anécdota porque es ella, en su inocencia y  aparente ingenuidad, la que da origen a la concepción de este nuevo trabajo.

Colombia es un país de paradojas,  los medios de comunicación lo muestran, de manera casi exclusiva, como un país en conflicto. Sus innumerables problemas de violencia son material de análisis y estudio y tema de primera plana para diarios y noticieros nacionales y extranjeros. Y sin embargo, el visitante que llega por primera vez a estas tierras se encuentra enfrentado a una situación inesperada. Colombia es también un mundo acogedor de paisajes esplendorosos habitados por personas afectuosas.

Las historias de guerra tienen su espacio ganado, los medios están ávidos de ellas y son una exigencia de las prácticas culturales contemporáneas. Entretanto nuestra verdadera identidad y la memoria de nuestro paisaje interior se pierden cada vez que cruza nuestras fronteras.

Tomando como base todo lo anterior y el trabajo ya realizado, ORO se proyecta como una instalación que enfoca la violencia de manera diferente, atenuando su influjo para, de esta manera, generar un espacio que permita observar nuestra más profunda naturaleza. Esta nueva propuesta quiere invitarnos a reflexionar sobre los diferentes valores que a lo largo de siglos han permitido conformar una nación.

Por último, es preciso anotar que los diferentes componentes de ORO son trabajados de manera integral durante el proceso creativo para lograr una  muestra coherente y rigurosa tanto en su aspecto formal, como conceptual. Concebida dentro del marco de  identidad y territorio, ORO es una obra que, con el apoyo logístico y económico de diferentes estamentos de la sociedad, podrá difundir tanto dentro del país como en el exterior, una mirada diferente sobre nuestra realidad. Una mirada que pueda hacer parte de la solución y no del conflicto.

Pedro Ruiz

DESCRIPCION DE LA OBRA

El Dorado, símbolo de nuestra mas lejana memoria se ha tomado como referencia para proponerlo como el marco dentro del cual se han de representar algunos aspectos de nuestra identidad.

El conjunto está conformado por treinta cuadros de pequeño formato. Son pinturas realizadas sobre un fondo dorado enmarcadas con molduras cubiertas con hojilla de oro.

En el recinto donde se ha montado la muestra las fuentes de luz se clausuran y las paredes oscurecidas con pintura o telones negros.Las obras iluminadas de manera puntual están colocadas sobre mesas inclinadas. Una lupa se  dispone  al lado de cada uno de los cuadros. Cada elemento del montaje, la altura de las mesas, la iluminación, las lupas y el tamaño de las obras invita al espectador a inclinarse y observar detenidamente generando una actitud casi reverencial. La instalación y todos sus elementos han sido diseñados y realizados teniendo en cuenta que deberán adaptarse a los diferentes lugares de exhibición.

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